Moral y ética universitaria.

publicado a la‎(s)‎ 27 jun. 2013 12:44 por José Malaguera   [ actualizado el 27 jun. 2013 14:41 ]
Introducción: 
 
Como señala Míquel Martínez Martín, en su artículo Formación para la ciudadanía y educación superior, "La universidad es el lugar en el que se aprende el conjunto de saberes que permitirán al futuro titulado ejercer una profesión o dedicarse al ámbito de la investigación. Sin embargo, no resulta tan obvio que la universidad sea un lugar en el que se aprenda un conjunto de saberes éticos y ciudadanos." Por ello, resulta importante analizar y observar, al menos en parte, cuáles son las condiciones que nos llevan a validar tal aserto.

La ética y la moral son, y han sido a lo largo de la historia, términos complicados de definir, e incluso se han confundido como sinónimos. Por ello, su aplicación a la educación superior ha sido complicada, pues no hay consenso acerca de cómo tratarla. Actualmente este problema se viene resolviendo desde otra perspectiva: la formación integral de los futuros profesionistas.

Se ha visto que los estudiantes de las universidades están inmersos en una sociedad que los absorbe, por ello es necesario que tomen su rol activamente, y para ello necesitan una formación ética y moral sólida, que les de las bases mínimas de interrelación equitativa con los demás. Por esto, es fundamental que las universidades participen activamente en la creación de programas que sirvan a este propósito, con lo cual se convierten en verdaderas instituciones de calidad, y no se limiten a la creación de excelentes profesionales pero no de ciudadanos plenos.

LA ÉTICA Y LA MORAL

Ética se deriva de la palabra griega ethos. Hay dos significados de ética en el lenguaje griego que revelan dos modos de entender y explicar el comportamiento moral de las personas:

Êthos significaba “carácter”, “modo de ser”. Según este modo de entender la ética, el comportamiento moral depende del “carácter” o “modo de ser” de las personas. El “carácter” o “modo de ser” está determinado por la herencia (genética o social) y, por tanto, no se puede cambiar. Así, pues, las normas y los valores morales son inmutables.

Posteriormente, éthos significó “uso”, “costumbre”, “hábito”. Con este sentido aparece la palabra “ética” en los escritos de la sofística, de Platón, de Aristóteles. Según esta manera de entender la ética, el comportamiento moral depende de los hábitos o costumbres. Estos son producto del acuerdo social y, por tanto, se pueden modificar mediante nuevos acuerdos sociales. Además como los hábitos o costumbres los aprendemos, necesitamos de la educación moral para adquirir hábitos de “buen” comportamiento.



Por otra parte, moral proviene de la raíz latina moris que significa costumbre. Es un conjunto de creencias, costumbres, valores y normas de una persona o de un grupo social, que funciona como una guía para obrar. Es decir, la moral orienta acerca de que acciones son buenas y cuáles son malas.

Según otra definición, la moral es la suma total del conocimiento que se adquiere sobre lo más alto y noble, y que una persona respeta en su conducta. Las creencias sobre la moralidad son generalizadas y codificadas en una cierta cultura o en un grupo social determinado, por lo que regula el comportamiento de sus miembros.

Aristóteles distingue entre las virtudes éticas que se dan en el plano de los actos y las acciones (por lo tanto orientadas hacia un fin distinto de la acción misma) y las dianoéticas que se dan en el plano meramente intelectual y que pueden ostentarse de no ser un medio para un fin sino que se bastan a si mismas pues poseen un carácter meramente contemplativo.

La distinción aristotélica entre las virtudes éticas y dianoéticas proponen inicialmente plantear el tema de la ética dentro del punto de las acciones y actos humanos. De esta manera, la ética es algo que se plantea desde el actuar y desde el obrar y no únicamente desde el pensamiento o la contemplación. Esto significa que solamente se puede ser ético en nuestras obras y actos cotidianos. Sin embargo el saber y conocer intelectualmente de ética y moral no nos hace obrar éticamente bien. Por ende, no somos ni obramos en función de lo que sabemos. 

Dicho de otra manera, nuestra moralidad no depende de lo que sabemos de moral. O bien el saber y conocer lo que es bueno para nosotros como seres humanos no necesariamente nos hace obrar en relación a la consecución de eso bueno. En muchas ocasiones sabemos lo que es bueno para nosotros pero no obramos en relación a ello. 

Mapa de la Moral y la Ética



Desarrollo de la Ética y la moral a través del tiempo

La transformación de la Ética y la moral a través del tiempo 


La moral surge cuando los hombres empiezan a agruparse para formar sociedades en las cuales se vive y se convive. En el interior de las sociedades la moral debe transformarse al mismo tiempo que ellas para que siga teniendo validez. Si las sociedades cambian, también debe cambiar la moral. Por lo que podemos decir que a cada etapa de la evolución social corresponde un tipo de moral relacionada con la forma de pensamiento predominante en cada época.


Época primitiva. Los seres humanos son recolectores y cazadores, se asientan en grupos que permiten la supervivencia y fortalecimiento de las tribus; sus normas morales, que en ese momento no son escritas, se basan en el bienestar de todos, por lo tanto los valores predominantes son el trabajo, la solidaridad, el cuidado de unos a otros, la repartición igualitaria, etc. Durante este periodo histórico, la moralidad se basaba en acciones que permitieran el desarrollo social armónico y que beneficiaran a todos.


Época esclavista. Entre los habitantes de las primeras sociedades hubo algunos que empezaron acumular bienes porque el trabajo de todos permitió que se pudieran almacenar los productos. Así surgió el hecho de que unas pocas personas tuvieran más que las demás, se iniciara cierta desigualdad y, por lo tanto, surgiera el esclavismo. En esta época existían dos morales; la que correspondía a los libres y que exaltaba valores como la justicia (según esa clase social), la polis, la democracia, etc., y la moral de los esclavos, quienes podían aspirar a muy poco y cuyo valor principal era el trabajo.


Época feudal. En ella surgieron las clases sociales: siervos y aristocracia. A esta última pertenecían los reyes, emperadores y el Papa, cuyo poder espiritual era indiscutible. La moral es esta época tenía un sello religioso muy fuerte y marcado y se traducía en valores que sólo la clase noble poseía.


Capitalismo. Cuando surgió la burguesía, producto de las nuevas formas de producción y que alcanzó su etapa de esplendor en el siglo XIX, también surgió un nuevo tipo de moral sustentada en los valores de trabajo, producción, utilidad, bienestar individual. Las acciones están orientadas a la adquisición de una economía fuerte y competitiva, en ocasiones sin importar el bienestar de los demás, por lo que podemos decir que el individualismo ha sido un sello característico de esta época.


Época actual. Nuestra sociedad está regia por la idea de que la felicidad la produce el consumo: cuanto más tengas y puedas adquirir, eres más feliz, sin importar los medios que utilices para conseguir determinados productos. A esto hay que añadirle la idea de que cuanto más libre y autónomo se es, también se posee más felicidad. Por lo anterior, pareciera que en el siglo que nos toca vivir la ética y la moral están enemistadas con el concepto de felicidad y libertad, y por ello las personas somos más renuentes a seguir las normas morales impuestas por instituciones como la familia, la escuela, la Iglesia e incluso las leyes que imponen determinados códigos y reglamentos, porque siempre exigimos que se quiten en pro de “nuestra libertad”.


Por tanto la moral en esta época se aprecia como contraria a lo que el ser humano quiere y necesita; muchos ven la moral como un impedimento para alcanzar su realización, y por tanto la desconocen, cuando en realidad son precisamente estas normas las que ayudan a que haya orden y estabilidad en la sociedad y a que las personas puedan progresar.

La ética y la moral en la formación universitaria

La ética y la moral contribuyen a que el egresado universitario ejerza su profesión de manera responsable y comprometida con la sociedad mediante un ejercicio responsable de la ciudadanía, es decir, participan de manera, tal vez, no muy notoria pero si de vital importancia, para que al término de su preparación, un profesionista se realice responsablemente, por lo cual la ética es la expresión de una conciencia moral que posibilita el logro de bienestar social y contribuye a la realización plena del profesionista.

Aunque cada quien tiene una posición moral con respecto a muchos temas en la vida, las personas con mentalidad universitaria modifican con frecuencia algún criterio preestablecido gracias al diálogo y al ejercicio intelectual, cuando discuten con seriedad y responsabilidad diversos temas. Esto es posible porque todos, en especial los universitarios, buscan la verdad, si reconocen que algo es cierto, entonces tienen la responsabilidad moral de salir en defensa de la realidad de esa algo.

En el ejercicio de esa responsabilidad el profesionista encuentra el camino para su realización porque las aportaciones que dan la ética y la moral implican el pleno desarrollo de capacidades profesionales, la búsqueda y el logro de la excelencia y de la calidad y prestación de servicios y bienes, es por eso que la ética y la moral van más allá del conjunto de prohibiciones y deberes que se adquieren al formar parte de una comunidad profesional porque no se reduce a reglamentar la conducta, sino que impulsa y guía la realización de acciones que redunden en el beneficio de la sociedad y del profesionista.

Los profesionistas que van a egresar de las instituciones de educación superior, al adquirir un conjunto de conocimientos especializados y de competencias profesionales, no solo logran obtener el estatus y el poder de expertos especialistas en un área de conocimientos o un campo de acción, sino también contraer la responsabilidad ética y moral de hacer un buen uso de esas competencias profesionales, porque la aplicación de esos conocimientos especializados inciden de manera directa o indirecta en las condiciones de vida y en el bienestar de la población.

Visión del estudiante universitario

Para los estudiantes de licenciatura la ética y la moral suelen ser términos muy arraigados, pues ellos deben de tener muy presente que es lo que cada término evoca. Pues todo acto educativo es un comportamiento ético, por lo tanto la misma educación es ética por naturaleza y si ellos se encuentran inmersos en un ambiente de educación es obvio que esos términos deban estar presentes no sólo en su vida académica, sino en todos los aspectos de ella. En este caso se podría estar hablando de una ética y una moral semiprofesionales.

En general la moral, para los estudiantes, se define como la facultad de saber diferenciar lo bueno de lo malo, es decir poder saber si la acción que se realiza es buena o mala, regularmente para poder llegar a este razonamiento las personas se basan en valores, que se forman desde el seno familiar y se van desarrollando a lo largo de la vida, en especial la académica; mientras la ética es un estudio de la moral, es el poder saber si nuestro razonamiento es el correcto, un juicio moral y una norma que señala cómo deberían actuar los integrantes de una sociedad, en este caso todos los estudiantes de una licenciatura.

La moral que rige a los estudiantes de una licenciatura suele girar en torno a sus clases, sus exámenes, su vida universitaria, por ejemplo: la mayoría sabe que copiar no es algo "bueno", a pesar de eso muchos de ellos llegan a realizar tal acción (cabe aclarar que no se está afirmando que todos), pues crean un juicio moral, a su conveniencia, para poder justificar dicha acción, incluso aquí, se podría estar hablando de una doble moral. Con esta ejemplificación no se está afirmando que los alumnos carecen de moral y mucho menos de ética, sino más bien que suelen utilizarlas a su conveniencia, pues aún se encuentran en una etapa formativa, en la que todavía se está modelando su manera de pensar, actuar y razonar.

Para entender adecuadamente los comportamientos de los estudiantes, podemos seguir el modelo propuesto por Kolberg, que dividió en seis estados el nivel de juicio moral de los universitarios, y señala:

Nivel I. Preconvencional

Perspectiva individualista concreta del propio interés
Estadio 1: moral heterónoma, con orientación de castigo-obediencia y perspectiva social egocéntrica.
Estadio 2: moral individualista y de propósito instrumental e intercambio donde lo importante es seguir las reglas de acuerdo con el propio interés y necesidades, dejando a otros hacer lo mismo. La perspectiva social es de individualismo concreto.

Nivel II. Convencional

Perspectiva de miembro de la sociedad
Estadio 3: moral de expectativas interpersonales mutuas y relaciones y conformidad interpersonales mutuas. La perspectiva social es la del individuo en relación con otros.
Estadio 4: moral de sistema social y de conciencia, motivada por cumplir el propio deber aceptado y dar sostén a las leyes. La perspectiva social distingue entre el punto de vista interpersonal y el social.

Nivel III. Postconvencional

Perspectiva anterior a la sociedad, no relativa, o de razonamiento moral de principios
Estadio 5: moral del contrato social aceptado y razonado críticamente o de utilidad, y de los derechos individuales básicos; importancia de la imparcialidad de las reglas. La perspectiva social es la del individuo racional consciente de los valores y derechos previos al contrato social; considera los puntos de vista moral y legal.
Estadio 6: moral de principios éticos universales autoescogidos. La perspectiva social consiste en el reconocimiento de principios morales universales de los que se derivan los compromisos sociales, pues las personas son fines en sí mismas y así deben ser reconocidas.

Dentro del estudio realizado por Bonifacio Barba y José Matías Romo en Aguascalientes, titulado Desarrollo del juicio moral en la educación superior, se descubrió que de los estadios anteriormente dichos, la mayor parte de los estudiantes de educación superior se encuentran entre el 2 y el 4, y los menos en el 5, y muy pocos en el sexto nivel. Esto permitió hacer diversas correlaciones, por ejemplo, se sabe que mientras mayor sea la edad y el semestre, se habrá alcanzado un mayor estado de madurez, con lo cual, los actos realizados son más conscientes y, por ello, más libres; así la labor de la universidad es importante, pues en ella se forman los ciudadanos que se harán responsables del crecimiento de la sociedad en todos los aspectos.

El papel de la universidad en la Ética estudiantil

El quehacer esencial de la universidad es proporcionar un ambiente que favorezca el desarrollo y la realización de todos sus integrantes, y a través de ellos beneficiar a la sociedad entera. La ética universitaria tiene a su cargo mostrar medios y elementos convenientes y debidos para la construcción de ese ambiente y el cumplimiento de sus fines.

Más que repartir y derramar “ciencias”, debe de sembrar el entendimiento crítico con poder de discernir, de reconocer, de descubrir lo que podemos conocer de la verdad de las personas y de las cosas. Relacionada con el tema de verdad surge la necesidad ética de la responsabilidad social como expresión de justicia, indispensable también para el cambio social.

Muy pocas veces los universitarios (estudiantes, profesores, funcionarios) se esfuerzan en inventar el cambio y menos en promoverlo. La inmensa mayoría de ellos pertenecen a la notable y reducida esfera de beneficiados, y por eso procuran la permanencia y fortalecimiento de las teorías, sistemas, políticas y cosmovisiones que han mantenido la fortaleza de los propios privilegios.

La universidad debe formar en los estudiantes un criterio de justicia a partir del sentido común, y de las virtudes éticas de la justicia social. Esta labor universitaria es muy difícil, porque las ideas de dominación se heredan, se reproducen, se defienden como los propios bienes. Estas ideologías se trasmiten de padres a hijos casi por procesos genéticos, pero, además, los mismos grupos de poder construyen las instituciones sociales, políticas, financieras para custodiar sus inmensos intereses: medios de comunicación, partidos políticos, legislación, consorcios industriales y comerciales en el ámbito nacional e internacional.

Una universidad puede escapar de estas perversiones y complicidades si forma en sus estudiantes una clara y fuerte conciencia de responsabilidad social y si ella misma se compromete con la justicia. Hay algunos medios indispensables para la formación de esta conciencia ética en la educación. Por la esencia del quehacer universitario, la evidencia intelectual ha de ser el medio más poderoso.

Sin embargo, una cosa es saber qué es la justicia y otra cosa es ser justo; una cosa es saber qué debemos hacer y otra cosa más difícil es hacer lo que debemos. Por eso las evidencias racionales de la responsabilidad social deben ser tan fuertes que muevan a la acción de la justicia. Mucho ayuda en este proceso la mostración de las terribles injusticias sociales que sublevan cualquier sensibilidad humana que no ha sido destrozada.

Otro medio indispensable para la formación de la conciencia ética de responsabilidad social es la práctica de la justicia institucional. Una universidad forma hábitos, actitudes justas si es una universidad donde gobierna la razón y se vive la justicia, donde los estudiantes puedan encontrar los medios y oportunidades convenientes para su desarrollo personal en los planos intelectual, estético, espiritual y moral. Donde los profesores investigan, generan y comunican conocimientos, muestran caminos deseables con sus propias vidas, comunican a sus alumnos el placer de saber, pero también disponen de posibilidades económicas académicas y culturales para crecer y proyectar su crecimiento.

Allí los funcionarios están preparados para organizar, decidir, ordenar, innovar, gobiernan y se encargan de ordenar fines y medios de la universidad en todos sus niveles y las personas de la administración y de servicio hacen muy bien lo que les corresponde pero reciben un salario justo y justicia conmutativa y además cuentan con elementos para cultivarse y poder ascender a desempeños más deseables y de mayor calidad.

Otro elemento muy importante para la formación de una conciencia éticamente responsable es un verdadero servicio social. El estudiante debe tener conocimiento de la realidad nacional: las hirientes diferencias sociales, la pobreza, el desempleo, la desesperación de los que carecen de un refugio, los obligados a un trabajo humillante por la necesidad, los marginados de los servicios de salud, de educación, de posibilidades mínimas de una vida con elemental dignidad. Los estudiantes deben conocer esta realidad y, mejor todavía, deben experimentarla y procurar solucionarla según sus posibilidades.

Se necesita una universidad como inteligencia crítica de la sociedad, como recinto de humanidad y de dignidad, que sirva inmensamente a la sociedad con la generación del saber, con la trasmisión y proyección de la verdad, que no sea servil a los grupos de poderes políticos o económicos, que mantenga su libertad y autonomía, que aporte soluciones a los problemas sociales.

Conclusiones

Actualmente se vive en la sociedad de la información y la comunicación, y los avances técnicos y tecnológicos son ampliados día a día, por ello, la función social comúnmente aceptada de las instituciones de educación superior es la de formar profesionales poseedores de los últimos avances. Asimismo, las universidades son los lugares óptimos para el aprendizaje de carácter humano, de donde proviene su condición de ética y moral.

Resulta un error desaprovechar esta función, ya que todo centro de enseñanza superior tiene la obligación de promover modelos educativos en relación con el aprendizaje y la formación ética y moral de los estudiantes, como ocurre en toda institución de educación superior con voluntad de servicio público. Es de reconocer que no importa si el carácter de titulación de la universidad es público o privado, su sentido y misión públicos deben ser los mismos, definidos en función de un conjunto de características que permitan entenderla [a la universidad] como un espacio de aprendizaje ético y moral que procure que sus titulados ejerzan las futuras profesiones con la voluntad de contribuir a la formación de una sociedad inclusiva, digna y democrática.

Por lo anterior, es de reconocer, sólo como un ejemplo, la labor realizada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) al crear dentro del marco de su Modelo Universitario Minerva (MUM) un tronco común denominado de Formación General Universitaria Minerva (FGUM) donde se consideran asignaturas ligadas fuertemente con la condición de ciudadanos activos en la sociedad, pues se establece la necesidad de una interrelación con los demás de manera educada y responsable, con una actuación crítica y social, tal como reza el propio lema de dicha institución "Pensar bien, para vivir mejor". Así es como muestra la congruencia entre lo que dice y lo que hace.

Como se puede ver, una universidad de calidad y de servicio público es en la cual sus estudiantes se convierten tanto en excelente profesionales, como en ciudadanos cada vez más cultos y críticos. Para efectos de esto, se sugiere que tanto el profesorado como los administradores universitarios tengan presente que los resultados dichos se logran cuando se busca la verdad de forma rigurosa, a través de la argumentación, el diálogo y la deliberación abierta; siempre, sin incurrir en dogmatismos y fundamentalismos, dentro de un marco de interacción social y en colaboración con los demás.

Finalmente, sólo las universidades que se ocupen de crear los mecanismos necesarios para fomentar la participación ética y ciudadana en sus estudiantes, dentro de los tres ámbitos siguientes: formación deontológica relativa al ejercicio de las diferentes profesiones; formación ciudadana y cívica de sus estudiantes; y la tercera es la formación humana, personal y social que contribuya a la excelencia ética y moral de los futuros titulados en tanto que personas, puede ser considerada como una verdadera universidad de calidad.

Referencia

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Sitios recomendados


Los valores en la Educación Superior
http://www.didactica.umich.mx/ixeuad/PONENCIAS/LOS%20VALORES%20EN%20LA%20EDUCACI%C3%93N%20SUPERIOR.htm
Modelo Universitario Minerva
http://www.minerva.buap.mx/

Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)

http://www.oei.es/index.php

Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)
http://www.unesco.org/new/es/unesco/

Revista Iberoamericana de Educación
http://www.rieoei.org/presentar.php

Sociedad de la información y el conocimiento
http://www.sociedadinformacion.unam.mx/

Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL)
http://www.udual.org/

Fuente: http://moral-y-etica-universitaria.wikispaces.com/%C3%89tica+y+moral+en+la+educaci%C3%B3n+superior
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