15 El Radicalismo de Kant


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IMMANUEL KANT. El idealismo trascendental

Immanuel Kant nació en Königsberg, ciudad de Prusia Oriental (dicha ciudad se llama hoy Kaliningrado y forma parte de un territorio que está bajo soberanía soviética), en 1724, en el seno de una modesta familia de artesanos, de probable origen escocés. Su padre, Juan Jorge, era guarnicio- nero y su madre -Regina Reuter- era ama de casa, ambos, modelos de honradez y probidad, y Kant reconoce haber recibido de ellos una educación excelente. La familia, muy numerosa, pasó por duras pruebas: seis de los hijos murieron muy jóvenes. Regina Reuter colocó en el espíritu de su hijo "las semillas del bien" y las hizo crecer; además, en los paseos por el campo, hizo nacer en él un profundo sentimiento ante la belleza de la naturaleza (que tendría gran importancia en la génesis de una parte de su futuro sistema filosófico); finalmente, alentó de diversas maneras su amor por el conocimiento. Sin embargo, la impronta materna se dejó sentir de un modo especial en su educación religiosa. Regina Reuter no sólo educó a su hijo en el rigorismo propio del pietismo (una corriente radical del protestantismo), sino que deseó asimismo que su formación escolar tuviese este mismo sello, para lo cual matriculó a Immanuel en el Collegium Fridericianum, donde existía un régimen de gran severidad, tanto en los contenidos como en los métodos.

 

 En 1740 se matriculó en la universidad de su ciudad natal, donde asistió a los cursos de ciencia y de filosofía, concluyendo el ciclo de sus estudios superiores en 1747. El período entre 1747 y 1754 fue muy duro. Kant tuvo que trabajar como preceptor (privatdozent) para ganarse la vida, oficio para el cual no estaba muy dotado. Debió tratarse de una época de auténtica miseria, dado que los funerales de sus padres fueron sufragados a expensas del erario público. Pero, a pesar de lo difícil de su situación, Kant estudió muchísimo, poniéndose al corriente y leyendo todo lo que se escribía en aquel tiempo, sobre todo en los campos de las ciencias y la filosofía que más le interesaban.

 

 En 1755 obtuvo el doctorado y la habilitación como profesor encargado de curso en la universidad de Königsberg. En aquella época, al encargado de curso se le retribuía en función del número de horas de clase que impartía y al número de alumnos que asistían a sus cursos. Es comprensible, por lo tanto, que no fuese nada fácil la tarea de Kant. Como encargado de curso enseñó en la universidad hasta 1770, año en que consiguió la cátedra universitaria con su tesis De mundi sensibilis atque intelligibilis forma et principiis. Antes, en 1758, ya se había presentado a un concurso, en el que no logró vencer. Fue elegido otro profesor, que estaba destinado a convertirse en una perfecta nulidad. Recordamos este hecho únicamente para ilustrar uno de los rasgos destacados del carácter moral de Kant. Se mostró completamente adverso a cualquier forma de arribismo, ajeno a todos los manejos académicos, y jamás cayó en ninguna clase de adulación ante protectores poderosos. Pagó en su integridad el precio que cuesta confiar la propia carrera exclusivamente a las propias fuerzas, con una extremada dignidad, desapego y determinación.

 

 A Kant le interesaban el saber y la investigación, no la carrera, la fama o las riqueza. El barón von Zedlitz, en su calidad de ministro, le ofreció en 1778 una cátedra en Halle, donde el salario era triple y los alumnos mucho más numerosos que en Königsberg. Kant se negó y ni siquiera desistió de su rechazo cuando el ministro, para convencerlo, le ofreció además otro cargo y por lo tanto más dinero.

 

 Los años que transcurren entre 1770 y 1781 constituyen el momento decisivo para la formación del sistema kantiano. Después de una larga meditación surgió la primera Crítica (Crítica de la Razón pura, 1781), a la que siguieron las otras grandes obras en las que figura el pensamiento maduro de nuestro filósofo, en particular, las otras dos Críticas: la Crítica de la Razón práctica, en 1788, y la Crítica del Juicio, en 1790.

 

 Los últimos años de la vida del filósofo se vieron perturbados por dos acontecimientos. En 1794 a Kant se le intimó a que no insistiera sobre las ideas que había expresado acerca de la religión en su obra La religión dentro de los límites de la mera razón. Al morir el rey Federico II en 1786, le había sucedido Federico Guillermo II, quien -después de destituir a von Zedlitz, gran admirador de Kant- se había atrincherado en posiciones reaccionarias. Kant obedeció. No se retractó de sus ideas, pero se calló, afirmando que tal era su deber de súbdito y argumentando que -si bien es cierto que nunca hay que decir una mentira- no menos cierto es que no siempre hay que proclamar abiertamente la verdad. 

 

El otro acontecimiento posee un alcance histórico mucho más vasto. El criticismo trascendental estaba siendo interpretado y desarrollado en el sentido de un idealismo espiritualista, por obra de Fichte especialmente, a quien Kant había ayudado mucho al comienzo de su carrera. Kant luchó durante un cierto período de tiempo, pero después, comprendiendo probablemente que aquella interpretación de su pensamiento era imposible de detener, se encerró en un hermético silencio. Los años de la vejez fueron los más desdichados. Kant se vio afectado por el peor de los males que puede caer sobre un estudioso: quedó casi ciego, perdió la memoria y la lucidez intelectual. Su vida se extinguió en 1804, reducido a un espectro de sí mismo.

 

 El frondoso anecdotario a que dio lugar su figura nos muestra sus rasgos más característicos. Nunca se alejó de los alrededores de Königsberg; fue prusianamente metódico, muy escrupuloso y fiel a sus costumbres hasta el extremo. Se levantaba todas las mañanas a la misma hora (a las cinco) y siempre a la misma hora de la tarde efectuaba su paseo, con exactitud cronométrica. Fue siempre extremadamente puntual en sus clases y cumplió siempre todos sus deberes. Herder, en una famosa carta, lo describió muy bien: frente ancha -como si su cabeza hubiese sido construida adrede para pensar-, siempre sereno, agudo y erudito, abierto a todos los elementos de la cultura contemporánea, Kant sabía valorarlo todo y relacionarlo “con un conocimiento sin prejuicios de la naturaleza y con el valor moral de los hombres”.

 

 Esta última afirmación es la que mejor resume la personalidad de Kant, quien nos dice lo mismo acerca de él, con palabras muy parecidas, en la conclusión de la Crítica de la Razón práctica: “Hay dos cosas que llenan el ánimo de una admiración y una reverencia siempre nuevas y crecientes, cuanto más a menudo y más prolongadamente el pensamiento se detiene en ellas: el cielo estrellado por encima de mí y la ley moral que hay en mí”.

 

 Esta frase, “el cielo estrellado por encima de mí y la ley moral que hay en mí”, fue escrita sobre su tumba. Constituye el símbolo más auténtico tanto del hombre como del filósofo Immanuel Kant. Pasamos a reseñar el proceso de conocimiento en Kant a través de la exposición de su obra fundamental, la Crítica de la razón pura.

 

 CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

 

1. PROBLEMA, BASES, MÉTODO

 

Kant en su investigación epistemológica, sobretodo en los Prolegómenos y en la Crítica de la Razón Pura manifiesta unas claras diferenciaciones entre los usos de la razón, facultades de la razón, y los productos de la razón. Seguimos la estructura de la obra Crítica de la razón pura (Kritik der Reinen Vernunft) Para Kant existe tres modalidades del saber, tres facultades de la razón. La primera es la sensibilidad (Sinnlichkeit), la segunda el entendimiento (Verstand) y la tercera la razón (Vernunft). Kant enuncia como problema: Cuál debe ser la fundamentación de un conocimiento válido, necesario, estableciendo a partir de la experiencia particular y concreta, leyes generales y universalmente válidas, en los límites permitibles a la razón. Hasta él, la tradición filosófica se dividía en dos sectores opuestos, el racionalismo de tipo cartesiano, de las ideas innatas y que poseía como referente el ejercicio deductivista heredado de la racionalidad geométrica y matemática, sin recurso a la experiencia. O el empirismo, tradición anglosajona, saber de lo particular, conocimiento de lo concreto particular, aplicado a la utilidad y a la crítica de discursos, pero que no fundamenta las enunciaciones de carácter universal. En Kant, el modelo de ciencia es la física newtoniana, sus preguntas:

 

       ¿Cómo es posible la  matemática y la geometría como conocimientos científicos?     

 

       ¿Cómo es posible la física como conocimiento científico?

 

      ¿Es la metafísica una ciencia?

 

 La primera pregunta se desarrollará en la Estética Trascendental, y será una consideración de las operaciones de la sensibilidad. La segunda en la Analítica Trascendental, corresponderá al proceso sintético que realiza el entendimiento; y la tercera será desglosada en la Dialéctica Trascendental, como fundamento del uso válido de las ideas en la operación de la Razón.

 

 La ciencia para Kant no es tanto una cuestión de procedimientos o de laboratorismo. La ciencia para Kant es tal por la calidad de sus enunciaciones. Kant recupera la tradición aristotélica en cuanto que la ciencia se sostiene por juicios válidos. La ciencia trabaja con juicios. En su momento, Kant distinguió dos tipos posibles de juicios:

 

 Juicio explicativo, analítico, a priori: Propio del racionalismo, la herencia más directa de Aristóteles, pero enriquecidos con la perspectiva matemático-geométrica aportada por Descartes. Estos juicios provocan una tautología de sujeto y objeto, es decir, igualan las características del objeto con su ser, son adjetivantes, acumulan informaciones de un objeto, pero no permiten avanzar al conocimiento, se contentan con aportar la evidencia lógica que describe con certeza el objeto sin recurrir a la experiencia. Por otra parte, constituyen una enunciación con alcance general, los juicios explicativos establecen un comportamiento regular que es válido para todos los objetos que lo contienen. Son la base de las leyes generales que rigen la conducta de los fenómenos naturales. Son universales, necesarios y válidos.

 

 Juicio ampliativo, sintético, a posteriori: Propio del empirismo, el predicado amplía el contenido del sujeto, avanzan en el conocimiento, su evidencia la constituye la comprobación a través de la experiencia. Este juicio procura nuevos datos, nuevas percepciones, nuevas comprobaciones en la conducta del objeto estudiado. Juicios de la experimentación, juicios de la renovación del curso de una característica, juicios para el laboratorio y la admiración ante posibilidades que surgen de las necesidades humanas o la más simple pero creativa curiosidad. El juicio sugiere ese escepticismo que acompaña la tradición empírica de Hume, ese dinamismo que pareciera guiado por la pregunta ¿Y por qué no...?

 

Kant establece, a partir del modelo de ciencia newtoniana, un tercer tipo de juicios:

 

 Juicio sintético a priori: Empieza por la experiencia, es universal, válido y necesario, y no se evidencia por la experiencia, es condición de posibilidad de ella. Estos juicios responden a un concepto de ciencia que, partiendo de lo empírico sensible, formula leyes universales, necesarias y válidas sin necesidad de evidenciarse en la experiencia. En los juicios sintéticos a priori ve Kant el modelo de la ciencia moderna, la superación de los radicalismos que parcializaban y entorpecían el desarrollo científico. Se va más allá del juicio explicativo porque permite la experimentación y la renovación de saberes. Se trasciende el juicio sintético porque enuncia generalizaciones que, no obstante, pueden ser revaluados. El juicio sintético a priori es el juicio típico de las matemáticas y la física newtoniana, realizan generalizaciones, se aplican en novedades experienciales (síntesis) y sirven de marco previo para futuras ampliaciones, es decir, hacen posible la formulación de hipótesis que permiten el progreso de las leyes científicas.

 

 Kant da un paso adelante en la historia de la filosofía al plantear una nueva forma, un nuevo camino, un nuevo método, el criticismo, también denominado idealismo trascendental. Su obra establece los cimientos del conocer, porque es ante todo crítica, examen previo de sus posibilidades. Kant afirma que hasta él se había hecho un uso dogmático de la razón, que los conocimientos se sustentaban en un proceso ingenuo e irreflexivo de legitimación. La razón no puede acceder a cualquier objeto sin distinción ni criterios de pertinencia. Algo así como pensar que todo debe seguir una misma línea de comprensión, sin reparar en diferencias tan cruciales como lo natural, lo formal, lo ético-político y lo estético. La Razón deja de ser un objeto de estudio, una acomodación al entorno para devenir en dinamismo del sujeto posibilitador de un conocimiento a priori, es decir, se da el giro copernicano del objeto al sujeto, de la apropiación de las categorías de la naturaleza a la imposición de categoría subjetivas, previas y productoras del conocimiento del objeto. No es el objeto el que determina el sujeto, es este el que es determinador. El Método trascendental acompaña la función crítica de la Razón: busca las condiciones de posibilidad a priori que tiene un objeto para ser conocido. Trascendental pues no es conocimiento positivo, factual, informativo del objeto, sino de aquello que me posibilita conocer y establecer relaciones, datos y generalizaciones válidas. La filosofía gana una función como crítica, debe establecer los supuestos razonables que hacen científico y válido un conocimiento, se vuelve indagadora de las condiciones de posibilidad de todo conocimiento.

 

2. ESTÉTICA TRASCENDENTAL

 

 Es la ciencia, el estudio de todos los principios a priori con los que trabaja la sensibilidad. El carácter primordial de la sensibilidad es la receptividad. La estética procede de forma doble, determina la calidad de la intuición empírica sensible (Análisis Trascendental.); y la posibilidad de establecer juicios a partir de las intuiciones puras a priori. (Deducción Trascendental).

 

 Análisis Trascendental: Todo lo que se conoce integra algo dado y algo que impone el sujeto. Lo dado está conformado por el caos sensible, por un continuo infinito de sensaciones diversas y cambiantes. Lo sentido, aquella dimensión material y externa de la sensibilidad, aquello totalmente amorfo, Kant lo denomina intuición empírica (empfindung), impresión sensible. Pero a eso dado yo le doy orden, el sujeto impone unos marcos para permitir su captación. Así, los objetos se no son dados en la experiencia, en ese caos sensible y son captados, ordenados, por las  intuiciones puras del espacio y el tiempo sensible, conformando fenómenos. El fenómeno (erscheinung), lo dado y lo captado, lo que primero se conoce posee dos elementos: 1. materialidad: lo sensorial  aprehendido es decir, eso que está ahí en la realidad concreta; 2. formalidad: lo que permite que de esa multiplicidad de sensaciones podamos hacer un objeto distinguible, es a priori, propuesto por el sujeto. El fenómeno se ha captado gracias a las formas puras, las intuiciones puras del espacio y el tiempo. Puras puesto que están en el sujeto independiente de la operación sensible. Estas intuiciones puras son el fundamento lógico, no psicológico, que hacen posible la experiencia, la sensación de algo, la captación concreta de un objeto.

 

 Deducción Trascendental: La matemática es la forma de conocimiento que corresponde a estas intuiciones puras de la sensibilidad, sus enunciados disponen las relaciones espaciales de ubicabilidad (geometría), y las relaciones temporales de sucesividad (sucesión numérica, matemática), de forma absolutamente apriorística, es decir, antes de entrar en contacto con el objeto. Las formas puras y a priori del espacio y el tiempo establecerán una conciencia sensible externa-espacial, e interna-temporal. Carácter que compartirán con el horizonte concreto y mensurable propio de las ciencias matemáticas. Así pues, la Matemática manifiesta un carácter de sucesividad y ubicabilidad, referida a la temporalidad y a la espacialidad, posee condición a priori (independiente y anterior a la experiencia) por la que los juicios que elabora no son analíticos (es decir, universales), pero sí sintéticos (en el dato particular y concreto). El conocimiento matemático es el eje ordenador de lo sensible, aquello que hace posible una comprensión primera y fundamental de lo particular y concreto.

 

 3. LÓGICA TRASCENDENTAL

 

 Kant divide en dos la lógica trascendental. En una primera parte (Analítica trascendental) se ocupa del entendimiento y los juicios científicos, propiamente dichos, como el procesamiento de los fenómenos en un nivel superior, en un pensamiento que aspira a la generalización. La segunda parte (Dialéctica trascendental) dará cuenta del problema: ¿Es posible la metafísica como ciencia?, y ella responderá a la facultad de la razón en la consideración de las Ideas puras, los noúmenos, los en sí. La Lógica trascendental es la Ciencia de las leyes del entendimiento en general, su función es la de establecer las facultades del entendimiento y la razón, pregunta por los principios a priori por los que determina la organización de los objetos, esencialmente, la forma en que estos se interconectan, se articulan, se hacen pensamientos, se hacen objetos pensados.

 

 Analítica Trascendental

 

La sensibilidad transformó el caos sensible en fenómenos. La sensibilidad presenta a los fenómenos para que estos sean pensamiento válido y universal. El entendimiento, como la sensibilidad, tiene también sus formas puras. En esta primera parte más positiva, la analítica, los a priori están constituidos por las categorías, por los conceptos que aglutinan en regularidades los objetos, los fenómenos, los datos materiales. En la operación analítica, en la síntesis del entendimiento, aquello recibido al ser contrastado y aglutinado, constituye un fenómeno con un nivel superior, Kant ya no lo llama erscheinung sino phaenomenon. Las intuiciones sensibles, sin conceptos, son ciegas. Conceptos sin intuiciones, son vacías. El dinamismo regulador, organizador, clasificador, de la lógica trascendental, comparte las características de la lógica aristotélica. Ahora bien, mientras que en el estagirita las categorías eran modos del ser, flexiones del objeto externo al que debía adaptarse la mente; en Kant el sujeto es quien posee los conceptos y son las cosas externas las que se acomodan a la función sintetizadora del sujeto. Los conceptos, las categorías, están en el entendimiento y no inmediatamente en el ser. Kant enuncia los tipos de juicios, es decir, las formas distintas en que se pueden sintetizar los fenómenos, estableciendo mayor unidad, mayor estabilidad en la conducta de los objetos, mayor generalidad, juicios de cantidad, juicios de cualidad, juicios de relación y juicios de modalidad. A partir de estos tipos de juicio nos presenta las formas puras a priori del entendimiento, las categorías o los conceptos:

 

CANTIDAD: Unidad, pluralidad, totalidad.

 

CUALIDAD:  Realidad, negación, limitación.

 

RELACIÓN:  Sustancia, causa, relación.

 

MODALIDAD: Posibilidad, existencia, necesidad.

 

El sujeto, la unidad de apercepción trascendental, realiza la adecuada operación por la que se logra la unidad entre sensación y entendimiento, la transformación dinámica de objetos materiales en relaciones conceptuales, en regularidades y generalidades.  El sujeto se hace conciente de sí en la medida en que se conoce el objeto. Kant plantea el esquematismo de las categorías. La imaginación constituye la facultad que elabora esquemas o procedimientos generales para la producción de imágenes. La imagen funciona como mediadora entre la categoría y la intuición sensible, es el instrumento del sujeto por el cual une el producto de la sensibilidad con el dinamismo del entendimiento.

 

 La estética trascendental nos descubrió la matemática como el saber que da cuenta de las formas puras de la sensibilidad, del espacio y el tiempo. El dinamismo del entendimiento corresponderá a los mecanismos de pensamiento de la Física pura, ella establece sus objetos procesando los fenómenos aportados por la sensibilidad en un nivel mayor de síntesis logrado por el ejercicio regulador de las categorías. La física produce juicios sintéticos a priori, la validez de sus afirmaciones está en ella misma sin necesidad del recurso a la experiencia. Ella es la ciencia pura de la naturaleza que se presenta como modelo de quehacer científico.

 

Dialéctica trascendental

 

 En esta última parte, se aplica la negatividad, se somete a crítica las formas puras de la Razón. Dejamos atrás al entendimiento y enfrentamos otro nivel de universalización cognoscitiva, las Ideas puras, los noúmenos, las Ideas reguladoras de Alma, Mundo y Dios. La razón ordena los conceptos del entendimiento en una suprema unidad que concatena las series de los objetos a una totalidad, a una unidad superior, a un sistema último. Aparentemente cada una de estas ideas genera un conocimiento válido, una ciencia que posee autonomía, generalidad y validez, que como la matemática y la Física pura pueden producir juicios sintéticos a priori. Kant somete la psicología racional, la cosmología racional y la teología racional (los argumentos acerca de la existencia de Dios) al examen crítico. Todo conocimiento real suma lo a priori con la experiencia. Eso hace posible el avance del conocimiento. Lo sintético a posteriori permite nuevas revisiones que den mejor cuenta de los fenómenos regulados por leyes científicas. La estética ofertaba fenómenos al integrar impresiones sensibles a las formas puras del espacio y el tiempo. El entendimiento, en la Analítica, concebía juicios gracias a la conjugación de fenómenos en las categorías, fundía el objeto empírico, el fenómeno, con los conceptos. Lo formal y a priori se completa con lo experiencial y a posteriori.

 

 En la dialéctica trascendental el sujeto intenta llevar a cabo la mayor síntesis posible que su razón puede elaborar. Tal pretensión racional, choca con la naturaleza de los objetos presentados a la razón. Alma, mundo y Dios sobrepasan los marcos sensibles de apreciación. No son objetos existentes, son incondicionados. Los noúmenos escapan a la comprobación de una experiencia sensible. Constituye cada uno una síntesis infinita de la cual no puedo establecer válidamente ninguna intuición. No se puede hacer corresponder a las ideas reguladoras un objeto de la experiencia. Kant critica a la metafísica tradicional de forzar la conducta de los objetos, de crear con sus argumentaciones una ilusión trascendental, una apariencia de realidad y de verdad que sólo proyecta vacío y desconcierto. La razón al intentar darle tratamiento de cosa sensible a las cosas en sí, genera una serie de imprecisiones, contradicciones, disposiciones hiperfísicas, engaños, que ni afirman ni niegan nada. Procuran una discursividad engañadora.

 

 Pero las Ideas no son meras ficciones. Hacen parte del dinamismo de la Razón por el cual se establecen referentes cada vez mayores de comprensibilidad. Así pues, los noúmenos son una aspiración, una meta, una dinámica prospectiva. Se postulan como principios regulativos para nuestro devenir ético-político. No son ni pueden ser más que principios subjetivos, máximas, se relacionan de forma inmanente en la Razón para regular los conocimientos. No son principios objetivos y constitutivos del conocimiento humano. “Una idea no es otra cosa que el concepto de una perfección que no se encuentra de antemano en la experiencia”. Su función es regulativa, o sea, dirigen al entendimiento hacia un fin, proporcionar a los conceptos del entendimiento la más absoluta unidad al lado de la más absoluta extensión. Deben reunir en un todo absoluto todas las acciones del entendimiento. Buscan una unidad sistemática completa, perfección de saberes al cual nos acercamos pero que nunca alcanzamos. Su carácter es heurístico, anticipatorio, prospectante pero eternamente incondicionado y nunca terminado de afirmar.

 

 La metafísica posee dinamismos a priori, formas puras, pero no puede producir intuiciones sensibles, ni conceptos, ni juicios estrictos y necesarios como los de la física, la matemática o las ciencias naturales en general. No es conocimiento científico, es tendencia natural, posibilidad de pensar que, en la razón práctica, en el mundo de la libertad, en la búsqueda de la felicidad y la justicia, fundamenta la acción desde máximas de generación subjetiva, las condiciones últimas que garantizan la existencia del hombre. “Hube de suprimir la ciencia, para darle cabida a la fe”.

 

 KANT Y EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

 

En su juventud había estudiado matemáticas y física y en 1755 publicó su doctrina físi­ca del universo en la Historia General de la Naturaleza y Teo­ría de los Cielos. Este libro con­tiene tres importantes anticipa­ciones; en primer lugar descri­bió la hipótesis nebular antici­pándose a Laplace. En segundo lugar, sugirió que la Vía Láctea era un grupo de es­trellas en forma de lente y que existían otros «universos aisla­dos» y semejantes, anticipándo­se a Herschel y en gene­ral a la astronomía del siglo xx. Finalmente sugirió que el roce de mar y tierra originado por las mareas retrasaba el período de rotación de la Tierra, y esta sugerencia es cierta, aunque no pudo ser demostrada hasta un siglo más tarde. Hasta mediados de los años cuarenta, el fundamento epistemológico de las matemáticas seguía siendo kantiano. Sólo con los trabajos de Frege, y las argumentaciones de Bertrand Russell, no se varió la comprensión de lo numérico por un esquema más lógico. Con Kant acaba en occidente el ejercicio de un saber tenido por irrefutable: la metafísica toma nuevos rumbos bajo el criterio de praxis más que de acumulación veraz e indubitable de conocimientos. Se da un marco de realización al ejercicio de la ciencia moderna. Aún en la actualidad, las grandes líneas kantianas son seguidas por los filósofos de la ciencia.

 

 (Cfr. Kant, Immanuel. Crítica de la Razón pura, Alfaguara, Madrid. Reale y Antiseri. Historia del pensamiento filosófico y científico, t. II, Herder, Barcelona. García Morente, Manuel. Lecciones preliminares de filosofía. Porrúa, México. Asimov, Isaac. Enciclopedia de la ciencia y la tecnología, Alianza, Madrid. Kant, conocimiento y racionalidad. Rabade Romeo, Sergio y López Molina, Antonio. No. 15 de la serie Historia de la filosofía. Cincel, Madrid.)

Fuente:http://www.calasanz-pereira.edu.co/index.php/Filosofia/kant.html



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